Era de mañana

Era de mañana, otro día nacía al despertar del sol, aquel viejo amigo de siempre, uno de sus pocos amigos en medio de sus días infestados de soledad taciturna. Imaginaba cada mañana lo que le diría el sol si lo tuviese lo suficientemente cerca como para escuchar sus susurros, sus secretos o sus anhelos, igual que deseaba desde lo más profundo que también pudiese escuchar sus lamentos y sollozos en medio de la noche. El sol, acompañante incansable durante el día, lo reconfortaba con su calor, lo iluminaba, lo maravillaba con su peculiar naturaleza de astro del cielo. Martín, un hombre dedicado al trabajo, a su labor incansable ya desde hace varios años, tantos que ni memorias restan de aquellos tiempos, era aquel hombre que vivía constantemente imaginando qué podría decirle su amigo el sol, ¿qué historias podría contarle?, ¿qué secretos susurrar? ¡Qué aventuras las que llegaban a deambular por la cabeza de Martín! Cada día una aventura nueva, nunca se aburría, nunca se cansó de imaginar…

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