¿Cambio o ruptura?

De: Felipe S. Colorado H.

¡Volvemos con el galimatías del “cambio”, Pedro!, y yo sin poder gritar a los cuatro vientos: “¡Yo no estuve en ese baile!…yo no estaba aquí”;  eso no lo puedo decir ningún compatriota veraz; sencillamente, Pedro, porque nadie se lo va a creer. Es posible que muchos hayan concurrido al baile y no hayan bailado; no siempre hay pareja para todos; en ocasiones hay que esperar el turno incluso para danzar con la más fea. ¿Recuerdas a un compadre tuyo que afirmaba con aire de profeta de la honestidad que si él sobornaba a un funcionario quien pasaría por delincuente era el sobornable y no el sobornador? Pues no lo dudes, en la hora de señalar a los “presuntos delincuentes” aparecerán los que vigilaban el tesoro con sus máscaras de Catones de hojalata y el dedo índice alcahuete apuntando hacia la cara fresca de sus compinches de ocasión.

Ahora, veamos cómo es esto del cambio así porque sí. La historia está plena de episodios superficiales que parecían cambios y no lo fueron de veras porque el sustrato de tales fenómenos políticos consistía en sustitución de unos protagonistas por otros y no una reestructuración consciente y responsable de los fundamentos del Estado, (¡conviene leer con la mente bien despejada de telarañas ideológicas a Maquiavelo, Pedro!). Sería bueno examinar con calma nuestra realidad nacional y verificar hasta donde sea posible, si lo que conviene a nuestro país es un simple “cambio” o una ruptura con toda la carga histórica y política que ello significa frente al zafarrancho que vivimos y sufrimos.

Entonces, estamos claros, Pedro Pueblo, no vale la pena cambiar por cambiar unas estrategias por otras sin revisar en profundidad la raíz de nuestros males, por otro lado, centenarios y con ello quiero que comprendas la necesidad que tenemos de modificar la enseñanza de las ciencias sociales, especialmente la Historia, en nuestros centros de estudios primarios, medios y superiores, y eso es apenas un aspecto en la compleja estrategia de una eventual ruptura del aparato estatal con miras a erigir otro más consecuente con nuestra realidad de pueblo en vía de salir del subdesarrollo. Como ves se trata de un cambio profundo de ideas, métodos, conducta y convicciones como pueblo verdaderamente libre y dueño absoluto de su destino. Parece una utopía, ¿verdad, Pedro?

Abuelo

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