La Explotación Sexual Infantil

Por: Montserrat Magre Colorado

 (2011) 

Cuando nos enfrentamos a un problema, el primer paso es buscar sus orígenes y los factores que lo estimulan; en el caso de la explotación sexual infantil, remontarnos a los orígenes de nuestra ciudad, nos ayudaría a entender cómo la época de la colonia, marcó cicatrices que aún hoy arrastramos, sobretodo en el ámbito socio-económico-cultural.  La estructura social de nuestra ciudad es profundamente injusta, donde el estrato es el que dignifica o no, al ser humano, y donde la raza es la que marca tu lugar. Esto lo que logra es llevar a pensar a la gente, que son simples objetos en búsqueda de la supervivencia y sin ningún tipo de derecho a una vida digna. Es decir, la esclavitud aún se vive, aunque en apariencia sus protagonistas sean otros. La pobreza también juega un papel clave, sobretodo en ciudades como la nuestra donde la distribución de la riqueza o recursos es tan desigual y las opciones laborales brillan por su ausencia. Esta realidad ha obligado a muchas familias a someterse a cualquier medio para obtener ingresos, aún a costa de someter a los niños a la violencia y explotación de todo tipo.

 

El que Cartagena sea una ciudad turística, ha sido un factor estimulador de este fenómeno, pues tanto el turista que busca ese tipo de “diversión depravada”, como quien lo brinda y comercializa, encuentran un terreno fácil y abonado. Sumado a todos estos factores, está la falta de compromiso político, pues encontramos un gran vacío y ausencia de legislaciones adecuadas en los planes y programas que deben enfrentar tan grave problema, por lo tanto, hasta el momento solo podemos ver cómo crece día tras día, bajo la complicidad muda de las autoridades, y con gran tristeza podemos ver cómo la impunidad danza feliz a sus anchas. Todos estos factores fortalecen un fenómeno social disparejo, cuyas víctimas directas son todos esos seres débiles y vulnerables.

 

En conclusión, este problema puede tener solución, sólo si existe una verdadera intención política, que logre articular la prevención y la condena después del hecho; que la sociedad tenga la certeza  de que ese tipo de crímenes serán castigados sin importar clases sociales ni estatus económicos. Es también necesario contar con la colaboración y apoyo de diferentes sectores y grupos especializados en las áreas de la educación, la salud, la seguridad, la justicia y la economía, para dar apoyo a los afectados y para lograr de manera conjunta, la prevención de este flagelo. 

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